El Peso de Darlo Todo y No Recibir Nada

Hay algo desgarrador en darse cuenta de que alguien a quien amaste con todo el corazón nunca tuvo la intención de quedarse.
Me vendieron una historia de amor.
Me hicieron creer en palabras dulces, en gestos que parecían sinceros.
Me prometieron que podía ser yo misma, que podía abrir mi corazón sin miedo.
Y lo hice. Me entregué con todo.
Dediqué mi tiempo, mi energía, mi amor.
Fui apoyo, fui compañera, fui un refugio.
Pero cuando necesité lo mismo, solo encontré silencio.
Me llamaron intensa por querer ser amada.
Me llamaron dramática por expresar lo que sentía.
Me llamaron manipuladora por esperar reciprocidad.
Y al final, me hicieron sentir que mis defectos pesaban más que todo lo bueno que di.
Me hicieron creer que mi amor no era suficiente, cuando en realidad, fue demasiado para alguien que nunca estuvo dispuesto a recibirlo.
No fue mi intensidad el problema.
No fue mi entrega, ni mi amor, ni mis palabras.
El problema fue que di mi amor a alguien que nunca planeó corresponderlo.
Me usaron. Me ignoraron.
Y cuando ya no fui útil, me dejaron ir.
Y lo peor de todo es que aquí estoy, aún con ganas de recibir un mensaje que sé que nunca llegará.
Aún queriendo creer que lo que sentí al inicio era real.
Aún deseando que todo haya sido una pesadilla de la que despertaré.
Pero no lo es. Es la verdad. Y aunque duela, aceptarla es la única forma de sanar.
No sé cómo soltar esto todavía.
No sé cómo apagar el fuego que aún arde en mi pecho.
Pero lo que sí sé, es que mi amor no fue un error.
El error fue dárselo a alguien que nunca supo qué hacer con él.