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El jardín que reviviste y luego destruiste

Llegaste a mi vida como sembradío de flores vivas en un jardín marchito. Un jardín que se marchitó con el maltrato, el descuido, abuso y abandono. Años transcurrieron sin agua ni abono, años transcurrieron sin cuidado alguno. Y tú llegaste, tocaste mi puerta que ya estaba condenada, esa que había quitado hasta la alfombra de bienvenida, porque no esperaba visitas de nadie. 

Tú con tu equipaje cargado de sueños y promesas, llegaste a sembrar ilusión en un terreno que ya estaba seco. Llamaste a mi puerta, tocaste estruendosamente, insististe, y al abrir fue como la lluvia que vino a acabar con la sequía. 

No lo podía creer, fuiste dulce, amoroso, espléndido y romántico. Te metiste debajo de mi piel y no me resistí. Te podía sentir aún en la distancia. Me enamoraste, y la verdad es que Mi corazón te robaste. 

Juntos trabajamos codo a codo y restauramos el jardín. Con cada sueño restauramos cada flor marchita, con cada ilusión la tierra volvió a ser fértil, con cada beso y cada abrazo, los retoños se multiplicaron.

Con el tiempo empecé a ver tu lado oscuro, esa humanidad que sabía que tarde o temprano llegaría, pero aún así estaba dispuesta a luchar contigo contra viento y marea. No me importaba, quería vencer al mundo, quería contigo conquistar el mundo. 

Viniste como lluvia, una pequeña lluvia refrescante y suave que con el tiempo se convirtió en tormenta, pero más adelante en huracán. Un huracán que destruyó el jardín que juntos construimos. 

No lo sé, no lo entiendo. Aún estoy tratando de entenderlo. Solo sé que de repente me dijiste que todo fue un error, y lo llamaste locura, y que nada de lo que pasó debió pasar. De repente minimizaste nuestro tiempo juntos, y olvidaste las experiencias que vivimos.

Me lastimaste, y en medio de ese dolor te vi ir al jardín y pisotear cada una de las flores. Una por una la pisoteabas y yo intentaba detenerte, pero no fui lo suficientemente fuerte para lograrlo. No solo las pisoteabas, sino que luego de muertas las arrancabas de raíz para que no pudieran crecer más.

Cuando te vi ahí, te odié. Te odié con todas mis fuerzas. ¿Quien crea un jardín para luego destruirlo? ¿Quien le da alas un corazón herido, para luego cruelmente y cortarlas?

Creaste un jardín maravilloso, luego lo destruiste y te aseguraste de que no haya forma de restaurarlo en mucho tiempo. 

Si abrirte la puerta fue un error, ¿por qué tocaste? Según tú, fue mi error el abrirte, pero te cuento que eso solo ocurre cuando alguien viene y con insistencia llama. Dime entonces, ¿POR QUÉ TOCASTE? 

Me había acostumbrado a ver mis flores secas, tu sembraste nuevas, pero luego las destruiste y tal parece que entendiste que el al haberlas sembrado tú, podías hacer con ellas lo que te daba la gana, pero no, porque usaste el terreno de mi corazón, y la fuerza de mi pasión. Ese jardín no era tuyo solo, yo también tenía una voz. 

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